Natalia Ivashchenko, profesora de inglés y especialista en preparación de exámenes, relata cómo cambió su forma de trabajar con imágenes al empezar a generarlas con el creador de imágenes de Picsart: «en lugar de adaptar las actividades a los materiales visuales disponibles, empecé a crear imágenes que respondían directamente a mi intención pedagógica».
La preparación es siempre la misma: escribe un prompt detallado, revisa las opciones y descarga la elegida. La regla que ha destilado experimentando es incluir lugar, hora del día, acción, ambiente e indicadores culturales; frente al genérico «mercado», por ejemplo, escribe «un mercado al aire libre abarrotado en Marrakech al atardecer, con colores cálidos y gente regateando».
En clase usa las imágenes de cuatro maneras. Para el léxico, en tres pasos: el alumnado describe lo que ve con la lengua que tenga, se introduce o repasa el vocabulario meta conectándolo con elementos visuales concretos y se producen frases nuevas describiendo la escena. Para la expresión oral con secuenciación temporal, con preguntas que fuerzan variedad de tiempos verbales: qué está pasando, qué pasó antes de este momento, qué podría pasar después. Para la comparación cultural, generando escenas paralelas con el mismo prompt en localizaciones distintas y discutiendo qué resulta auténtico y qué estereotipado. Y para la escritura narrativa, en la que son los estudiantes quienes diseñan los prompts, generan sus escenas, escriben párrafos descriptivos e intercambian imágenes con los compañeros para crear líneas argumentales alternativas.
Ivashchenko cuenta que una imagen de una persona sola bajo un cielo gris disparó de inmediato vocabulario de soledad y reflexión, difícil de provocar con una fotografía de archivo, y que en la escritura narrativa el alumnado descubre por su cuenta que «los prompts vagos dan resultados vagos» y revisa sus descripciones añadiendo detalle sensorial: lo describe como negociación del significado. Advierte de que las imágenes traen inexactitudes culturales y elementos exagerados que hay que revisar antes de llevarlas a clase —o reconvertir en discusión crítica con preguntas del tipo «¿qué detalles te parecen exactos y cuáles exagerados, y por qué crees que la IA los ha generado así?»— y de que no sustituyen a los materiales auténticos.
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