Ante las carencias de análisis y redacción que detectaba en sus alumnos de 1º de Bachillerato, Ramón Besonías creó un asistente de ChatGPT que acompaña paso a paso el diseño de un texto argumentativo: el estudiante propone el tema, la IA sugiere enfoques mediante preguntas orientativas, y juntos construyen de forma iterativa dos argumentos con teorías y ejemplos, dos contraargumentos y una propuesta de conclusiones, hasta llegar a un guion final editable.
El asistente funciona como «una guía en vivo» que estructura las ideas antes de la redacción independiente: el objetivo declarado es que el estudiante acabe sabiendo redactar su propio texto argumentativo en clase, sin ayuda. Como control del proceso, el docente pide la conversación completa como evidencia, además de la reescritura manual del esquema y su comparación con la versión de la IA.
El autor señala como limitación práctica que las cuentas gratuitas de ChatGPT solo permitían entonces ocho o diez interacciones seguidas, lo que obligaba a espaciar el trabajo.
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