Muhammad Ahmad, de la University at Buffalo (Estados Unidos), dirigió un proyecto de investigación-acción participativa juvenil con diez estudiantes refugiados de último curso de secundaria, dentro de la segunda fase de The Impossible Project, financiado por Mozilla. Aclara su posición desde el principio: no era su profesor de aula, sino un investigador independiente que ya los conocía por su trabajo como tutor académico en el centro. El proyecto duró dos meses, con reuniones grupales semanales.
En la primera fase los estudiantes eligieron ellos mismos el tema que querían investigar: el papel de la IA en la mejora de la escritura de aprendices de segunda lengua, es decir, su propia situación. Escribieron textos breves, pegaron un párrafo en ChatGPT y en Gemini y llevaron los resultados al grupo. Al comprobar que la retroalimentación era demasiado genérica, codiseñaron prompts más específicos con dos estrategias: declarar el contexto —que eran estudiantes de secundaria aprendiendo inglés— pidiendo que no se usara vocabulario demasiado avanzado, y pedir revisión de elementos concretos como los tiempos verbales, la gramática y la puntuación.
En la segunda fase pasaron a coinvestigadores: Ahmad los guió por las etapas de la investigación, reclutaron participantes en sus comunidades —familiares, compañeros y amigos—, les pidieron escribir párrafos breves, pasaron esos textos por los mismos chatbots y analizaron la retroalimentación. Prepararon en grupo la presentación y todos intervinieron en el congreso del Center for Information Sciences de la universidad. El proyecto se cerró con entrevistas individuales.
La comparación cualitativa de los borradores iniciales con las piezas finales muestra avances en gramática, elección léxica y, sobre todo, voz autorial, más claros entre quienes habían aprendido a dirigir la IA en lugar de aceptar lo que devolvía. Una estudiante lo explicó así: «Lo acepté cuando cambió el vocabulario, me dio palabras mejores. Pero cuando cambió por completo todo lo que había escrito, eso lo rechacé». Ahmad reconoce las limitaciones: muestra pequeña, dos meses ajustados y herramientas que no son neutrales, ancladas en el inglés académico estándar. Por privacidad, los temas de escritura fueron generales.
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