Ramón Besonías experimentó en sus clases de Filosofía y Biología de Bachillerato con la capacidad de Google Bard para analizar imágenes. El flujo se aplicó a tres tipos de material: páginas fotografiadas del libro de texto (índices de apartados, resúmenes en lenguaje sencillo, conexiones con situaciones cotidianas, esquemas y métodos de estudio), apuntes manuscritos de los alumnos (índices, resúmenes, evaluación con sugerencias de mejora) y mapas o esquemas visuales creados por los estudiantes (reconocimiento de estructura y conceptos clave, evaluación de las metáforas visuales y mejoras de organización).
La herramienta resultó precisa en el análisis de contenidos y estructura, y más floja al sugerir esquemas y métodos de estudio, donde hubo que afinar las peticiones. El autor insiste en que el docente debe testear y adaptar el uso a sus objetivos, y en rediseñar las tareas para evitar el copia y pega: «si las tareas que pedimos a los alumnos requieren copia y pega, el alumno tiene en la IA una herramienta que le ahorra trabajo y limita sus destrezas cognitivas».
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