Actúa como especialista en evaluación formativa. Crea una rúbrica para evaluar [tarea, proyecto o producto final] realizada por alumnado de [curso o edad].
El objetivo principal de la actividad es [objetivo de aprendizaje].
Incluye entre 4 y 6 criterios de evaluación relacionados directamente con los aprendizajes esperados. Utiliza cuatro niveles de desempeño:
- excelente;
- adecuado;
- en proceso;
- necesita apoyo.
Redacta descriptores concretos, observables y diferenciados. Evita expresiones ambiguas como “muy bien”, “regular” o “se esfuerza poco”.
Añade:
- una versión completa para el docente;
- una versión simplificada para el alumnado;
- una pregunta de autoevaluación para cada criterio;
- una columna final para observaciones;
- una propuesta de ponderación equilibrada.
Presenta la rúbrica en una tabla y utiliza un lenguaje adecuado a [curso o edad].
Prompt publicado por Cristina Carbonell Valls en su web cristic.com, dentro de una serie de ocho prompts pensados para las tareas docentes que más tiempo consumen. La autora lo presenta así:
Evalúa lo importante con indicadores comprensibles y observables.
En qué consiste: el prompt no pide una rúbrica sin más, sino que fija su arquitectura —de cuatro a seis criterios y cuatro niveles nombrados— y prohíbe expresamente el vocabulario que vuelve inservible una rúbrica: «muy bien», «regular», «se esfuerza poco». Es la instrucción que empuja al modelo a redactar descriptores de conducta observable en lugar de juicios de valor.
La segunda mitad es la que lo distingue de otras rúbricas generadas con IA: pide a la vez una versión para el docente y otra simplificada para el alumnado, una pregunta de autoevaluación por criterio y una ponderación. Con eso la rúbrica deja de ser un instrumento de calificación y se convierte en material que puede entregarse antes de empezar la tarea.
Cómo llevarlo a la práctica: el prompt está escrito como plantilla. Todo lo que va entre corchetes hay que sustituirlo por los datos reales antes de enviarlo ([curso o edad], [contenido], [asignatura], [número de sesiones], [objetivo de aprendizaje]). Como advierte la autora, cuanto más concreta sea esa información, más ajustada será la propuesta: el resultado es un punto de partida, no un documento terminado.
Transferencia a la clase de español: para una tarea de expresión escrita u oral conviene añadir al prompt los criterios del MCER que se quieran evaluar, porque la plantilla los deja abiertos. La versión simplificada puede pedirse redactada en el nivel de lengua del grupo, de modo que el propio documento sea comprensible para el alumnado que va a usarlo.
Riesgos y pautas: la autora insiste en dos cautelas que valen para los ocho prompts de la serie. La primera es que la última palabra es del docente:
Ningún prompt conoce al alumnado como lo conoce su docente. Por eso, el último paso siempre debe ser nuestro: revisar el resultado, comprobar que se ajusta al grupo y añadir nuestra experiencia, conocimiento del alumnado y mirada pedagógica.
La segunda es de protección de datos: no introducir nombres, apellidos, diagnósticos, informes ni fotografías que permitan identificar al alumnado; si hay que describir una situación concreta, se hace de forma anónima y con los datos imprescindibles.