Las autoras, del Center for Advanced Research on Language Acquisition (CARLA) de la Universidad de Minnesota, proponen un marco de cuatro componentes para redactar prompts de práctica lingüística: lengua (la lengua meta de la interacción), papeles (el que asume el estudiante y el que se le pide al asistente, de entre siete posibles: tutor, entrenador, mentor, compañero de equipo, herramienta, simulador y estudiante), género (la tarea comunicativa, el tema o el tipo de texto) y nivel (el grado de competencia y la complejidad lingüística esperada). Su tesis es que un prompt eficaz no se limita a fijar lengua y nivel, sino que establece además qué papel va a representar el modelo.
El marco se depuró a lo largo de cientos de interacciones de prueba en inglés, español y francés y en los tres niveles de las directrices de ACTFL. Un hallazgo del proceso: el asistente distingue mal los subniveles (Novice Low frente a Novice Mid) pero responde de forma fiable cuando se le da la banda amplia, de ahí que las plantillas fijen «Novice» o «Intermediate» y ordenen no salirse de ese nivel durante todo el intercambio.
El artículo ilustra el marco con seis plantillas, una por destreza —lectura, comprensión auditiva, expresión escrita, conversación, vocabulario y cultura—, y presenta PromptEd, la colección abierta de la que forman parte: una base de datos consultable con 96 prompts clasificados por destreza, nivel, competencia y papel del asistente, publicada como recurso educativo abierto. Las autoras insisten en tratar la respuesta del modelo como punto de partida para el análisis crítico y no como autoridad.
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