Observar que unas palabras de la oración van siempre unidas (las formas compuestas del verbo) y otras se combinan con más libertad (el sustantivo y su determinante), apoyándose en una metáfora sobre dos historias de amor.
Activar el léxico de la personalidad y de las relaciones personales.
Actividad de 60 minutos para nivel B1, individual, en parejas y en gran grupo, sin preparación. Material del CVC: seis fichas con una lista de palabras, un cuadro de valoración, el mito de Filemón y Baucis desordenado, una carta a un consultorio sentimental con palabras erróneas, la lista de características y la ficha de reflexión gramatical, además de las soluciones.
- Calentamiento léxico: en una ficha con palabras encadenadas sin espacios, los alumnos las separan y las clasifican en adjetivos de personalidad (audaz, tímido, sereno…) y sustantivos de relaciones personales (estabilidad, soledad, locura…), y buscan los antónimos. En grupos de tres puntúan de 1 a 5 qué características pertenecen al amor verdadero y deben consensuar cada una.
- Mitad de la clase ordena los seis fragmentos del mito de Filemón y Baucis; la otra mitad corrige una carta de un chico, Pablo, sobre Elia, donde se han colado palabras que no encajan. Después cada grupo cuenta su historia al otro sin enseñarla.
- Con las dos historias en la pizarra, el profesor lee rasgos (amor sereno, pasión, siempre juntos, a veces juntos, a veces no…) y entre todos los asignan a la pareja de ancianos o a la pareja joven.
- En parejas, separan frases de un chat sobre el amor según las diga una persona joven o adulta y observan que unas contienen formas compuestas del verbo (he conocido) y otras sustantivos con artículo (los adolescentes). Los primeros serían «amores verbales», inseparables, y los segundos «amores sustantivos», más variables. Amplían la lista con otras relaciones gramaticales.
Segunda de una serie de actividades del mismo autor sobre la metáfora como estrategia de aprendizaje gramatical: «Cada cual con su futuro», «Hay amores verbales y amores sustantivos» e «Iztaccihuatl» (esta última continúa la analogía con el futuro perfecto).
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