El trabajo analiza el rechazo generalizado hacia el laboratorio de idiomas y reivindica su utilidad como auxiliar didáctico en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El autor repasa las causas de ese rechazo —la antigua dificultad técnica de los equipos, los locales inadecuados, la falta de formación del profesorado y el temor a perder protagonismo— y muestra cómo los avances tecnológicos las han ido superando. Ofrece orientaciones prácticas para preparar las sesiones, elaborar y "explotar" cintas máster, dosificar el material y aprovechar las funciones de monitorización y control. Describe además distintos tipos de ejercicios aptos para el laboratorio: corrección fonética, ejercicios estructurales, pruebas de comprensión, canciones, documentos reales, vídeo, traducción y dramatización. Concluye apuntando hacia el centro de aprendizaje multimedia como sucesor del laboratorio tradicional.
- Inicie sesión para enviar comentarios