Reportaje de Lee V. Gaines (NPR), publicado en MindShift, de KQED, sobre cómo los distritos escolares de Estados Unidos están introduciendo la inteligencia artificial sin apenas evidencia ni normas que los orienten. Hay centros donde el profesorado la usa para preparar clases, otros donde un chatbot comenta los trabajos del alumnado y alguno que ha comprado un robot humanoide. «Parece el salvaje Oeste», resume Robin Lake, directora del Center on Reinventing Public Education.
La investigación va muy por detrás: una revisión de la Universidad de Stanford de más de 800 trabajos académicos concluye que la evidencia sobre cómo puede ayudar la IA al alumnado es muy limitada, aunque las herramientas diseñadas con cuidado parecen más prometedoras que los chatbots de uso general. Tampoco hay acuerdo sobre cómo medir si algo funciona, y los responsables de varios distritos reconocen que solo pueden evaluar la percepción de estudiantes y docentes.
El texto recoge casos concretos —el chatbot de aprendizaje socioemocional «Jordan» en Dayton (Ohio), o el robot «Sally» de Salamanca (Nueva York), cuyo piloto se paró por el rechazo de la comunidad— y la advertencia de Rebecca Winthrop (Brookings Institution) contra experimentar sin control, sobre todo con comunidades vulnerables. También señala el movimiento contrario: las escuelas públicas de Nueva York han prohibido durante un año la IA de uso directo por el alumnado hasta 8.º grado.