Gran parte de lo que vivimos hoy en día se compone de imágenes, las que percibimos a nuestro alrededor y las que generamos a partir de lo que tenemos almacenado. Esto es básicamente conocer y pensar. La forma en la que se nos enseña a interaccionar con esas imágenes ya sea interpretándolas o manipulándolas marcará nuestro futuro como aprendientes. La investigación neuropsicológica sugiere que mucho de lo que aprendemos incluye la imagen mental como parte de los procesos cognitivos que operan en el procesamiento y manipulación de la información. La imagen mental puede suponer una mejora significativa en el aprendizaje con la guía adecuada. Una de las razones fundamentales de ese potencial cognitivo es su estrecha relación con los factores afectivos del aprendizaje. La investigación apunta también que la habilidad de generar y manipular imágenes mentales es uno de los componentes de la creatividad, el procesamiento de la información y la memoria. Una instrucción adecuada en el uso de la imagen mental puede estimular un manejo efectivo del entorno imaginario en el que vivimos facilitando el proceso de alfabetización visual. Los seres humanos no trabajan con copias facsímiles de las imágenes mentales, sino más bien con procesos complejos de reconstrucción que se asocian a sus partes constituyentes, y ahí es donde radica el enorme potencial de la imagen mental para crear e interpretar imágenes.
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