La diversidad cultural y lingüística en el conjunto del planeta no es nada nuevo. Lo relativamente nuevo es la diversidad presente en espacios muy reducidos, en cada país y en cada aula. Puesto que la educación lingüística y la literaria deben ir unidas, merece la pena replantear conceptos como el de "literaturas nacionales" dentro de la enseñanza de la lengua y, más concretamente, dentro del aprendizaje de segundas lenguas o lenguas extranjeras. El enfoque transnacional de Ottmar Ette permite una transarealidad, un supraespacio que responde a la realidad actual frente a los "intentos de imponer la lógica de las fronteras a las comunidades" (Junot Díaz, 2019). En consecuencia, "el translenguaje literario es otro ejemplo de vectorización del movimiento entre lenguas, culturas y saberes vitales que se repite a lo largo del tiempo" (Ette, 2019). Ello permite abordar esta cuestión mediante la reflexión y la revisión bibliográfica, destacando su capacidad para interconectar la enseñanza/aprendizaje de lenguas con el reconocimiento de estos espacios transareales de fronteras fluidas, capaces también de generar un "tercer espacio" (Moretti, Ette), y ofrecer muestras de un nuevo canon de obras transfronterizas (p. ej., escritores latinoamericanos o de origen latinoamericano que viven en Estados Unidos). Este nuevo corpus emergente supone una opción atractiva tanto por su contenido como por los elementos lingüísticos que aparecen en sus textos, especialmente sugerentes para la enseñanza del español como segunda lengua.
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