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Propone organizar los programas de lengua a partir de lo que el aprendiente quiere hacer con la lengua y no a partir del inventario de estructuras gramaticales. Wilkins distingue los programas sintéticos —que trocean la lengua en unidades y esperan que el alumno la recomponga— de los analíticos, que parten de muestras de uso completas.
Desarrolla una taxonomía en dos planos: las categorías semántico-gramaticales (tiempo, cantidad, espacio, caso...) y las categorías de función comunicativa (pedir, negar, sugerir, evaluar...). Es el fundamento teórico de los programas nocional-funcionales y de las especificaciones del Nivel Umbral del Consejo de Europa.
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