Desde la aparición del enfoque comunicativo en la enseñanza de lenguas, y su derivación al enfoque por tareas, los profesores de español como segunda lengua nos enfrentamos a diario al difícil reto de recrear situaciones reales en el aula que, además, inciten a los alumnos a participar y poner en juego sus destrezas comunicativas. Entre las destrezas clásicas que se contemplan siempre en la enseñanza de idiomas, la oral ha ganado en preponderancia en estos enfoques, en detrimento de la escritura. Resulta complejo desarrollar tareas reales de escritura en un mundo en el que el soporte escrito es, cada vez más, electrónico, con una evidente tendencia a la impronta oral. Pero no es este un problema exclusivo de los profesores de lenguas extranjeras: los encargados de orientar la adquisición de la lengua materna encuentran hoy que el número de lectores mengua año tras año y el efecto en el desarrollo de la escritura se hace cada vez más patente. Dada la similitud en las dimensiones del problema, cabe preguntarse si la solución puede ser, con las adaptaciones necesarias, también similar en los dos casos.
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