Las autoras parten de una constatación: cuando se pregunta al alumnado de lenguas dónde practica la expresión oral fuera de clase, la respuesta habitual es «en ningún sitio». El artículo analiza esa carencia, especialmente aguda en la enseñanza en línea y en entornos distribuidos con dificultades de horarios y husos horarios, y expone las reflexiones pedagógicas que deberían guiar el diseño y desarrollo de herramientas de práctica oral basadas en inteligencia artificial, a partir de su experiencia desarrollando un asistente propio para cursos de alemán y francés.
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