Aborda la corrección de errores en la expresión oral de los estudiantes de ELE, cuestionando cuándo, qué y cómo corregir. Enmarca la reflexión en el papel del error como paso necesario en el proceso de aprendizaje y distingue entre errores y faltas y entre errores transitorios, fosilizables y fosilizados. Diferencia la corrección puntual del tratamiento más amplio del error, y precisa que en las actividades centradas en el mensaje conviene reparar y cooperar sin interrumpir la comunicación, mientras que en las centradas en la forma cabe una corrección más directa. Propone recursos como las grabaciones, el cuaderno de errores y actividades lúdicas de ejercitación con lenguaje auténtico y contextualizado. Su lema final es no corrijas, enseña.
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