Este artículo enumera y analiza distintos motivos que intervienen en la elección de un nombre de aula hispano (entendido este en un sentido amplio), un nombre que actúa como máscara dentro y fuera del aula convirtiéndose a veces en único referente ante el profesorado extranjero y amigos hispanos. La eufonía, la traducibilidad, la similitud fonética con el propio nombre chino, llamarse como algún ídolo, la originalidad como marca personal o la equivalencia con el previo nombre de aula inglés están detrás de determinadas opciones. No obstante, el exotismo de algunos nombres puede hacer dudar de su aceptabilidad llevando al docente al dilema de respetar o de favorecer una reconsideración. Es, por tanto, lo que aquí se presenta disección de factores tanto lingüísticos como extralingüísticos que inciden sobre un hábito que ha adquirido carácter de rito iniciático al estudio del español.
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