Recorrido por el uso de ChatGPT en las tareas de programación, diseño de actividades y evaluación, construido sobre los prompts reales que el autor empleó en su asignatura de Filosofía de Bachillerato y que reproduce uno a uno. La tesis de partida es que la herramienta puede ser un instrumento creativo o un mero copia y pega, y que la diferencia la pone el docente: «la herramienta se vuelve inteligente en manos de un docente inteligente».
Qué recorre la serie de ejemplos: parte de un prompt contextualizado —quién es el docente, qué materia, qué nivel— para generar dilemas de debate, y a partir de ahí encadena guiones de disertación y de debate con estructura de disputatio, rúbricas de evaluación con ítems ponderados y versiones de autoevaluación y coevaluación, una unidad didáctica completa con bloques, criterios y tareas, guías didácticas de películas y una situación de aprendizaje en forma de escape room con pruebas, pistas y rúbrica.
El criterio que atraviesa el artículo es que la precisión del enunciado determina la calidad de la respuesta y que conviene iterar sobre el mismo chat sin repetir el contexto ya dado. Advierte también de que la IA a veces inventa datos y de que el diseño final —y la decisión sobre qué llega al aula— sigue siendo del docente; en las tareas de alumnado, propone reservar la parte de elaboración personal para el trabajo en clase, en papel, para que la consulta a la IA no sustituya el esfuerzo propio.
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