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El autor relata su experiencia impartiendo unos cursos de español organizados por el Instituto Cervantes de Pekín en la Universidad Renmin de China durante el segundo semestre de 2010, y la usa para preguntarse por el papel del profesor de ELE como difusor cultural.
Señala tres rasgos que hacen singulares esos cursos: unas motivaciones del alumnado que van más allá de la utilidad profesional de la lengua, un perfil previo de estudiantes con alto nivel de inglés y experiencia internacional, y una carga lectiva muy corta (hora y media semanal, 30 horas en total). Sobre esa base discute qué cultura española conviene promocionar en una clase de lengua de ese tipo.
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