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A partir del refrán «la letra con sangre entra», el artículo describe las diferencias radicales entre aprender a hablar y aprender a escribir y analiza la extendida «perversión» de hablar lo que se escribe en lugar de escribir lo que se habla. Detalla algunos de sus síntomas más frecuentes, caracterizados por la intromisión de la conciencia donde solo estorba: la pronunciación pedantesca de ciertos finales de sílaba o de palabra (traNSporte, aBStraKción, óPtico, fúTbol, libertaD…) y las deformaciones de las palabras que la ortografía académica escribe con la letra equis.
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