Krashen propone, como simple conjetura, que la pronunciación de una segunda lengua se adquiere pronto y bien también en los adultos, y que no usamos nuestro mejor acento porque nos sentimos ridículos. Lo formula como un «filtro de salida», distinto del filtro afectivo, que impide actuar conforme a la competencia adquirida y que apenas puede rebajarse con esfuerzo consciente. Reúne como indicios su propia experiencia, la variación del acento según el interlocutor y la relación entre acento e identidad de grupo.
Volumen editado por Zsolt Lengyel, Judit Navracsics y Orsolya Simon. Texto completo en abierto en la web del autor.
- Inicie sesión para enviar comentarios