La conciencia fonémica —la capacidad de dividir una palabra en sus sonidos— se considera a menudo un requisito de la lectura. Los autores recuerdan que en la primera lengua se desarrolla sin instrucción y que entrenarla no mejora la comprensión lectora, y examinan después los estudios con aprendientes de segundas lenguas. Concluyen que tampoco ahí hay datos que justifiquen su enseñanza: la correlación con la lectura es débil, hay buenos lectores con poca conciencia fonémica y esta parece ser una consecuencia de leer, no su causa.
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