Aborda la escritura como destreza creativa en la enseñanza del español, partiendo de la constatación de que muchos estudiantes apenas escriben en su propia lengua. Sostiene que, aunque la escritura ha perdido peso como práctica comunicativa cotidiana, sigue siendo un instrumento valiosísimo para el aprendizaje de la lengua. Se centra en la fase de preescritura y presenta un repertorio de actividades para estimular la imaginación y generar ideas: tormenta de ideas y campos asociativos, escritura colectiva y collage, escritura a partir de imágenes, música o situaciones, casillas para descubrir ideas, la inversión maligna y el binomio fantástico de Rodari. Invita al profesorado a integrar creatividad y placer en la clase de expresión escrita.
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