Como bien puede ser que sea sabido, aunque bien puede ser que no lo sea tanto, el paradigma del llamado modo Imperativo está cooptado en casi su integridad por las formas de subjuntivo correspondientes a cada persona:

Las únicas personas que se libran son las segundas personas, las que corresponden más propiamente al esquema de petición directa: “tú” (tomada del presente de indicativo con pérdida de la -s) y “vosotros” (cuya -d se suele reinterpretar amplia y generosamente como una -r, es decir, un infinitivo: “¡Callaros!”).
¿Y esto, por qué es así? ¿Qué tiene el subjuntivo que lo hace un instrumento útil para transmitir peticiones directas? ¿Es la subjetividad? ¿Es la emoción? ¿Son los sentimientos? ¿Es la duda? ¿Es el oscuro objeto del deseo? ¿Es como es, apréndetelo de memoria y calla?
Como todo lo que tiene una explicación tiene su explicación, vamos a ver cómo la elección del subjuntivo para la forma del imperativo puede ser lógica.
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