Debido a limitaciones financieras, de tiempo o personales, cada vez hay mayor interés en experimentar una verdadera inmersión lingüística a través de programas de corta duración de estudios en el extranjero. Sin embargo, crear un entorno de instrucción efectivo durante tres o cuatro semanas constituye a menudo un desafío, además de que existen pocos estudios sobre los efectos de estos programas cortos, a pesar de que los beneficios en el aprendizaje de la lengua meta, en términos discursivos, de habilidades y fluidez, pueden ser similares a los de los programas de largo plazo (Lafford, 2006), que es el modo más común de estudio en el extranjero en Estados Unidos (Chieffo y Griffiths, 2004). En este artículo se analizan los programas de estudios de corta duración en el extranjero como modelos de inmersión real con un fuerte componente cultural. Se concluye que gracias a ellos se mejora el dominio lingüístico y cultural de los estudiantes a través de la combinación del entorno tradicional del salón de clases y actividades de inmersión auténticas. Al fomentar la interacción diaria con hablantes nativos, los estudiantes pueden tanto aprender elementos pragmáticos como desarrollar sensibilidad cultural.
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