Defiende que el conocimiento de la variedad americana es imprescindible para enseñar español como L2 y propone cómo integrarla en el aula. Tras situar la norma y el peso del español de América, clasifica sus rasgos en tres rangos y repasa los más relevantes para la enseñanza: en pronunciación, el seseo, el yeísmo, la relajación de /x/ y la tensión de las consonantes implosivas; en morfosintaxis, ustedes como tratamiento de confianza y el uso del pretérito indefinido frente al perfecto; en léxico, americanismos, «arcaísmos» e indigenismos.
Se ocupa también de la preparación del profesor y critica que los manuales presenten lo americano como un caso aparte, con los ejemplos de Brasil y Estados Unidos. Concluye que las variedades deben presentarse como diversidad normal de la lengua y que la selección de rasgos ha de responder a las necesidades del alumno: turismo, negocios o español como lengua de herencia.
Contribución a las actas del XV Congreso Internacional de ASELE (Sevilla, 2004), publicadas en 2005 y accesibles en el Centro Virtual Cervantes.
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