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Los nombres de los tiempos de los verbos en español, especialmente los del pasado, no son muy coherentes con su sentido. Fruto de una tradición que ha pasado por múltiples estadios, al final, no siempre han quedado los más apropiados. Los profesores solemos evadir el problema diciendo que no importa el nombre, lo que importa es saber usarlos. Y, aunque esto es cierto, los nombres están para algo y creemos que esa función debería ser la de ayudar a entender su significado. Para encontrar una manera más lógica de nombrarlos no hace falta inventar ningún sistema nuevo, basta con recordar y adaptar el que propusiera Andrés Bello ya desde 1847. Ése es el propósito de este breve estudio.
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