Al no haber sido posible demostrar empíricamente que el español, como las lenguas románicas en general, es una lengua de ritmo silábico; se ha producido una denostación y un abandono de esta teoría. En este artículo se parte del convencimiento de que, aunque se trate de una teoría no validada, no deja de ser un fenómeno perceptible de la lengua española. Este fenómeno tiene un potencial didáctico implícito que puede ser aprovechable para ilustrar a los estudiantes de ELE en el ritmo y el carácter del idioma español, y las diferencias rítmicas con el suyo propio. Un enfoque didáctico de esta teoría puede ayudar especialmente a los hablantes nativos de lenguas de ritmo acentual, como son el inglés, el ruso, las lenguas germánicas y el árabe, a espaciar su habla de manera silábica al hablar español; contrarrestando así su tendencia a la compresión de palabras alrededor de los acentos. Por tanto, rescatar este concepto con fines didácticos puede resultar en mejoras cualitativas en la producción oral en el aula de ELE.
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