Este trabajo defiende la lectura expresiva como un recurso pedagógico clave para el desarrollo de la competencia comunicativa en ELE, al convertir la entonación en un mecanismo funcional y no meramente ornamental. Partiendo del MCERL (2020) y del PCIC (2006), se propone un modelo teórico que integra modelización, toma de conciencia, práctica deliberada, mapeo forma-función, procedimentalización y transferencia a la interacción espontánea. La lectura expresiva crea un entorno controlado que reduce la carga léxico-sintáctica y focaliza la atención en decisiones prosódicas con valor comunicativo, como la gestión del foco, la modalidad, la actitud y la cortesía, la organización del turno, y la adecuación al género y registro. Asimismo, se sistematizan dimensiones operativas y criterios de selección textual que garantizan legibilidad prosódica, densidad pragmática y compatibilidad con la variación. El estudio aboga por una norma de alta inteligibilidad que reconozca la diversidad melódica del español y sitúa la lectura expresiva como un laboratorio didáctico eficaz para entrenar patrones reutilizables en contextos orales reales.
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